Su contenido particular es la descripción del “camino de las almas desde que vienen a este mundo, su sed de felicidad y los peligros a que se exponen buscando esa felicidad donde no está”.


    VILLENA, Artes Gráficas. Madrid
(Cuarta edición). Editado en español (edición original), en italiano e inglés, pp. 149, 14 x 9.

"Yo", en Cristo Resucitado

•Extractos

    “Yo” en Cristo Resucitado pretende describir el proceso de liberación del hombre, centrando la atención en su carácter individual. Sin embargo, no deja de transparentarse la amplitud de la intención puesta en el proceso de liberación de la humanidad vista en la dimensión de la persona. La forma de exposición es corriente en los escritos de este carácter. El contenido es resumido primero en pequeñas composiciones, cortadas en forma de estrofas, en número de trece, a las cuales acompaña una explicación. El camino de la vida espiritual es tomado desde que se inicia con la aparición de un hombre en la tierra y proseguido hasta la UNION definitiva, que en el lenguaje propio del libro,es designada como: “Entrada en Cristo”. La llegada a esta meta es precedida de la gradual liberación del pecado hasta su total desaparición, acompañada de una progresiva participación del Espíritu de Jesús en la medida para cada uno señalada por la justicia de Dios. En el desarrollo del proceso son notadas las principales características de los pasos y peligros de cada una de las etapas por las que va atravesando el alma en su camino de vuelta a la recuperación de la felicidad perdida e igualmente son señalados los obstáculos que pueden paralizar la marcha.
                                                                               José Barriuso

Prólogo (extracto)

    “El año 1965.

    “El día diez de abril, me encontraba por Voluntad del Señor en Avila (España). …A las dos de la mañana desperté invadida por la luz del Señor. En esa luz tuve una clara comprensión del camino de las almas desde que vienen a este mundo, su sed de felicidad y los peligros a que se exponen buscando esa felicidad donde no está.

    “… Cuando pensé que había terminado y me disponía a dormir, sentí la presencia de Santa Teresa de Jesús y de San Juan de la Cruz, ésta no era una presencia corporal que yo mirara con los ojos del cuerpo. Era una presencia espiritual pero muy real y yo la percibía con el alma, si se puede decir así. Me dijeron, creo que fue San Juan de la Cruz: ‘Es Voluntad de Dios que escribas lo que has comprendido’. Esto no era tampoco una voz que yo percibiera por los oídos, era más bien una comprensión de adentro

Comprendí que él se refería a la declaración de los versos o estrofas que había escrito bajo la luz del Señor y que debía escribir también la declaración de ellos como la había comprendido (lo cual hice desde ese día y terminé en Madrid el día de la Resurrección, es el librito ‘Yo’, en Cristo resucitado, editado por la Custodia de Tierra Santa, en Jerusalén, el año 1967 y presentado por el padre franciscano José Barriuso).”

•Versos

I

Alma de “buena voluntad” que vas con gemidos buscando por otros caminos la felicidad que has dejado en tu Creador ¿por qué te empeñas en “caminar” por ti misma sin conocer el camino y los peligros que has de encontrar? ¡Ciega vas, no sabes que es el Infinito tu felicidad, que tú eres “nada” y por ti misma no puedes llegar!

II

Dios tiene un “Vehículo” que a tu disposición está, que es el Espíritu de Verdad y sólo él te puede llevar. Es él Océano infinito a quien jamás agotarás.

III

Déjate atraer, zambúllete en él, pierde fondo, ama el bien y la verdad, confía, y no pienses nada más, que él mismo te conducirá. Fe, amor y confianza, eso bastará.

"Yo", en Cristo Resucitado

IV

No trates de conocerle juzgando su proceder, porque nunca acertarás. Un día será como viento impetuoso que como hojita seca te echará a volar.

V

Otro día, como Águila divina, del cuello te tomará en su pico y te llevará por el desierto donde ningún consuelo podrás hallar y muchas tentaciones te vendrán.

VI

No mires el “desierto” Y en las tentaciones sé fiel a tu Dios. Ama y confía, aunque tengas caídas. Piensa en Aquel que te lleva y él mismo te levantará. Ese es el camino y por él has de llegar.

VII

Si dentro del vientre de una ballena, como Jonás, te sientes alguna vez, no dudes que ese también es él, que sumergido en el mar te pasa a la orilla, escondida en su seno, para que las fieras no te puedan tocar.

VIII

Si un día te sientes como piedra dura y fría, que no puedes amar, él es la Roca, y te lleva en sus entrañas para que no te roce la tempestad, sigue confiada, que ése es el camino y por otro nunca llegarás

IX

Si llegas a sentir que arden tus pasiones cual hoguera que no puedes apagar,él es el fuego que te quiere purificar. Únete a la Hostia Inmaculada, ofrécete como víctima que se inmola en el altar del sacrificio, porque te vas acercando a tu Creador. Cuanto más puro sea el deseo de ofrecerte, más pronto llegará a Él el holocausto. No dudes que ése es el camino y estás más cerca que ayer.

X

Si después de sufrir un poco te sientes invadida por un sublime gozo, no dudes que él es tu reposo y te invita a descansar. Ama, goza, pero no te apegues al gozo porque todavía te falta un trecho largo que andar donde espinas y arideces no te faltarán.

XI

Ahora tu Guía se empieza a descubrir; te ha dado a gustar su gozo, pero no está en el “gozo” tu reposo, sino en Aquél a quien te lleva. Si te quedas en el gusto del gozo no olvides que perderás el “reposo”, te invita a seguir, eres libre de seguirle o no.

XII

Él hacia la Cruz te conduce, pero tú misma la has de elegir, pues esa Cruz es “muerte” y “Vida”, Vida de Dios, que con la muerte del “yo” irás adquiriendo 

"Yo", en Cristo Resucitado

Si te decides a entrar en la Cruz, a “morir” debes decidirte también y esto libremente se ha de hacer; tu vida por la Vida de Él, como Él por ti dio su vida para darte la Vida.

XIII

Si eliges la Cruz, déjate clavar en ella; “Mi comida es hacer la Voluntad de Aquel que me envió” No pruebes otra “comida”, porque sólo en ella está tu fortaleza para aceptar la “muerte” que te dará una nueva vida. Entonces conocerás a Aquel que fue tu camino, porque tú en Él serás movida y vivirás en comunión perfecta con el Padre y el Hijo en su mismo Espíritu, ese Vehículo que fue tu Guía.

Extractos de la declaración de la Estrofa I.

El alma perdió la felicidad cuando perdió la luz, la noción de Dios y de su “nada”. Inconciencia afirmada por el pecado original, el espíritu de tinieblas que el hombre aceptó al desobedecer a su Creador aceptando la tentación: “Seréis como Dios, conocedores del bien y del mal”.

Creyéndose conocedora del bien y del mal, orgullo inoculado por el tentador, el alma busca la felicidad donde le parece que está… Persigue El amor y cae en la lujuria, la verdad y cae en la irascibilidad, la justicia y cae en la crueldad, la pureza y cae en el escrúpulo y el puritanismo, la libertad y cae en la esclavitud de sus pasiones desordenadas.

Y no crea nadie que, porque tenga por estudios conocimientos de Dios y del alma, no está ciego y ya “conoce”. Ese “conocimiento” que abre los “ojos del alma” y da la luz no entra de “afuera”, sino que brota de “adentro” como consecuencia de una vida recta, dirigida por la conciencia, como se aclarará más adelante.

Cuanto más segura está el alma de sus conocimientos, más densas son las tinieblas que la cubren, más ciega está.

Extractos de la declaración de la Estrofa XII.

Si el alma acepta el cáliz y se decide por la Voluntad de Dios renunciando a la propia voluntad: “Hágase tu Voluntad y no la mía”, el Espíritu la conduce hacia la Cruz que dispone la Justicia Divina.

De la docilidad del alma depende el peso de esa cruz…Bajo la espada de la Justicia Divina está ella con todos sus bienes, honra, fama, nombre, afectos, comodidades, bienes materiales, etc. y la propia vida.

Si el alma se deja clavar en la Cruz de la Voluntad de Dios, renunciando cada instante a la propia voluntad, sentirá una gran fortaleza y hasta gozo en el dolor.

A medida de su fidelidad irá muriendo realmente todo deseo propio

y sentirá aquel gozo indescriptible de una verdadera libertad de espíritu.

¡Oh, si las almas todas se dieran cuenta de esto y se entregaran de verdad aceptando el cáliz que disponga la Justicia del Padre, el cielo estaría ya en la tierra porque el cielo es Dios y Él viviría en todas las almas!

¡Venga, Señor, tu Reino!

"Yo", en Cristo Resucitado

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