Libros de J.R. Guillent Pérez

Un Pueblo en Marcha

Abarca en su temática el encuentro del ser humano con el Ser, con el Dios vivo, Realidad presente en el Hombre.

Ediciones “Acción y Vida”, Caracas 1984, pp. 270, 20.5 x 14.5.

• Sinopsis

Un Pueblo en Marcha no significa un salir de la Tierra, sino un salir del yo, un salto en el vacío, en busca de lo trascendente…

Este libro abarca en su temática el encuentro del ser humano con el Ser, con el Dios Vivo, Realidad presente en el Hombre. Este encuentro le lleva a trascender su condición natural, lo simplemente humano, a través de la constante negación de su yo-egoísta, para identificarse con su Realidad Divina.

¿Filosofía o Religión?

La semejanza esencial entre filosofía y religión se me ha esclarecido por completo, a través del Mensaje a los hombres de la “Nueva Tierra”. El Mensaje es una filosofía revelada. Con esta expresión de filosofía revelada se pone de manifiesto la unicidad entre religiosidad y filosofía. Este Mensaje, al ser revelación, representa a la religión; y en cuanto es filosofía, representa la necesidad de tomar esencialmente en cuenta lo que es el hombre, encarado desde su condición de ente natural e histórico…

Ahora bien, esta Verdad no es para escaparnos de este mundo, de lo que somos natural e históricamente; sino, antes bien, para asumir y rescatar a partir de la Verdad eso que somos… (Pág. 32)

¿Representa América el presente?

Con este Mensaje se está dando cumplimiento a todos los vaticinios de que América representaba el Porvenir. Ese vaticinio se está cumpliendo de una manera más allá de lo que podía esperarse. Desde un rincón de este continente el Ser le habla a la especie. No se podía buscar una originalidad mayor para el hombre americano y más concretamente para el latinoamericano. (Pág. 101)

Un pueblo en marcha es toda la humanidad, es el Hombre; no es un pueblo ni una raza en particular, sino cualquier ser humano, que al tomar conciencia de su nada, se oriente al Ser.

Siempre que a lo largo de la trayectoria humana recorrida se haya dado el caso de individuos identificados con el Ser, allí se estaba fraguando ya el pueblo de Dios… (Pág. 117)

Trascender el culto religioso

De improviso y sin ninguna preparación psíquica y espiritual caían definitivamente todas mis prácticas rituales religiosas relativas a los sacramentos y a la oración. ¿Renegaba el valor de lo real de lo que hasta entonces había practicado y vivido tan intensamente? No lo creo. Pienso, más bien que esto ha sido la culminación de mi camino espiritual.

Sencillamente creo que esto tiene un único significado: el paso del “signo” a la “realidad” y eso ha sido efecto de un llamado misterioso de la Realidad que está a la raíz misma del “ser” y “actuar” del hombre. (Testimonio del sacerdote franciscano Pio Raffaele Angelisanti en relación con los sacramentos) (Pág. 266).

La Parroquia Divina Voluntad:
Signo visible para la catolicidad de un hecho universal

La motivación inmediata de este libro, Un Pueblo en Marcha, estuvo en una carta, acompañada de varios documentos y anotaciones, enviada por el sacerdote José Gregorio Guarepe, en la cual me señala la importancia que tiene la breve historia de la Parroquia Divina Voluntad. La Parroquia estuvo ubicada en el Municipio Carrizal, Estado Miranda, Venezuela; estos hechos ocurrieron en los años 1973-74. En su correspondencia el sacerdote Guarepe llama la atención respecto a esa actitud de rechazo por la Institución católica a todo intento serio y profundo a ser fieles a la palabra del Evangelio.

José Gregorio Guarepe fue uno de los protagonistas durante los nueve meses de vida de la Parroquia Divina Voluntad. Desde su nombramiento como párroco hasta el momento cuando fue destituido por la jerarquía diocesana, se dio todo un conjunto de circunstancias, altamente revelador, de cuál es el estado real de la Institución católica. Para el momento de su designación como párroco José Gregorio Guarepe ya había conocido los postulados esenciales del Mensaje a los Hombres de la “Nueva Tierra”. De entre esos postulados el más sobresaliente consiste en hacer vida la Verdad. Por eso, al hacerse cargo de la Parroquia, Guarepe está movido por el  firme  propósito  de  llevar  realmente a la práctica  el Evangelio.

Su conocimiento del Mensaje y los contactos que había tenido con la esclava del Señor produjeron en él un despertar de la conciencia; y de ese modo comprendió la urgencia vital de fidelidad a la Palabra de Jesucristo. Dentro de sus primeras medidas como párroco fue la de no exigir ningún emolumento por los servicios que podría prestar en su función sacerdotal: “gratis lo recibís, dadlo gratis”. (págs. 124 y 125).

José Gregorio Guarepe también recibe la sacudida existencial de descubrir en una concretísima persona, en Josefina, la presencia activa del Ser. El “conocimiento” de lo que se estaba revelando en esa concretísima persona fue la razón de mayor peso que indujo a Guarepe a tomar conciecia de lo que debía ser el comportamiento de un sacerdote realmente compenetrado con la Verdad revelada a Jesús de Nazaret, y que él ahora veía transparentarse en Josefina. (pág. 127).

La transformación real, profunda, salvadora no puede proceder de ninguna instancia humana, bien sea ésta, colectiva o individual; sino exclusivamente del encuentro con lo Trascendente, con Dios, el Ser. (pág. 143).

Un Pueblo en Marcha está más allá de la oposición dialéctica de explotados y explotadores; sino, más bien, es el repristinar de las Bienaventuranzas de Jesús, comenzando con la primera: “Bienaventurados los pobres de espíritu: porque de ellos es el reino de los cielos”. Ser pobre evangélicamente no es un estigma social; sino lo contrario, haber alcanzado el último escalón en el camino hacia Dios, lo Eterno, el Ser. Los pobres, los marginales, esa clientela del socialismo y del clero “revolucionario”, son pobres porque no son ricos; es decir, son ricos frustrados. Espiritualmente no hay diferencia entre los ricos del capitalismo y los pobres y marginales del socialismo; pues, ambos están identificados esen- cialmente con lo humano.

Hay que llegar a la pobreza total, a la conciencia de la nada que somos, para que podamos engrosar las filas de Un Pueblo en Marcha. (pág. 144).

Así pues, los auténticos sacerdotes no tienen por qué pertenecer a ninguna institución; sino son aquellos seres humanos que estén resueltos a qué en sus vidas concretas resplandezca la preeminencia del Ser, ofreciendo el sacrificio de sí mismo, del yo-ego.(pág. 147).

Extracto de una carta de la esclava del Señor dirigida a todos los hombres de buena voluntad, publicada en el boletín No. 4 de la Parroquia Divina Voluntad de fecha 16 de noviembre de 1973, y en la cual queda completamente esclarecida su participación en los sucesos de la Parroquia Divina Voluntad.(pág. 187):

Ahora bien, en el mismo momento que supe de la creación de esta Parroquia “Divina Voluntad” comprendí que era la señal que esperaba para conocer la “hora” y el “momento” en que se ha de revelar (manifestar ese hecho) eso que se me dio a comprender “en la luz”, y para conocerlo es necesario cambiar de vida, por una verdadera conversión a Dios, obede- ciendo a Su Voluntad. No se trata, pues, de seguir o adherirse a persona(s) o movimiento alguno; tampoco es una “iniciativa personal y privada”, como dice Mons. Bernal en su  comunicado, sino que se trata de un Mensaje del Señor que debe ser conocido por todo el mundo para una decisión personal y definitiva, la cual se manifestará en cada uno el último día. Tampoco se trata de una simple “Parroquia”, limitada por una circunscripción de jurisdicción que pueda tener por cabeza a criatura alguna de la tierra; se trata, sí, de todo un PUEBLO DE DIOS, en todas partes del mundo que tiene por cabeza a JESUCRISTO-RESUCITADO, que se libera de la sujeción a las criaturas para sujetarse al CREADOR. Hoy lleva el nombre de Parroquia (aquí) porque las circunstancias así lo han requerido y Dios obra a través de esas circunstancias, pero si la autoridad eclesiástica se opone, dejará de tener el nombre de “Parroquia”; más el “PUEBLO DE DIOS” seguirá su camino, como ya está decretado por esa misma Voluntad Divina, sin fronteras humanas. (pág. 194 y 195).

No soy yo quien puede dar testimonio de la veracidad de mis palabras, tampoco pueden dar testimonio de mi vida los hombres, sólo Dios puede hacerlo y Él lo hará cuando llegue el momento. A mí no me toca otra cosa que ser fiel en el cumplimiento de su Divina Voluntad, y por su gracia, esto es lo que hago desde que Él mismo me dio este nombre,

                                                                                   la esclava del Señor (pág. 199)

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