Un Mundo según el Corazón de Dios

Responde a las preguntas: ¿Cómo se hubiera desarrollado la historia de la humanidad sin el pecado?


¿Cuál es el mundo querido por Dios del que se dice en la Escritura al narrar su creación: “Y vio Dios ser muy bueno cuanto había hecho”? (Gén. 1,31).

El Capítulo 12 de este libro fue publicado con posterioridad; su título es «Cuando llegue la Consumación de los Tiempos»

• Datos de edición

    Escrito por el P. Máximo Macías, fruto de sus conversaciones con la esclava del Señor. Presentado por José Barriuso. TIPOGRAFÍA HISPANO-ARÁBIGA, Arzobispado de Tánger, Tánger 1970 (pp. 184; 19.5 x 12.5). Editado en español (edición original), en italiano e inglés.

    El Capítulo 12 de este librofue publicado conposterioridad;su título es Cuandollegue la Consumación de losTiempos.

    ACCIÓN Y VIDA, Caracas 1999 (pp. 48, 19.5×12.5).

Un Mundo según el Corazón de Dios

•Extractos

    El mundo según el Corazón de Dios no es lo que solemos entender por un mundo ideal e inalcanzable por lo mismo hipotético, sino todo lo contrario, el único mundo real y eterno, que verdaderamente existe.

    Nuestros ojos están habituados a los esquemas o apariencias de que habla San Pablo, cuando dice: “Pasa la apariencia de este mundo” (I Cor. 7,31).

    El desconcierto es enorme cuando los principios y lenguaje de un mundo son traspuestos a otro. Ordinariamente no se encuentra otro recurso para salvarlos que hablar de pensamiento paradójico, exageraciones o formas literarias. Esto supone que no se los distingue.

    El nudo del equívoco es muy sencillo. Para el común de los hombres el mundo en que estamos acostumbrados a movernos está pendiente de Dios, sí, pero es ordenado y dirigido por las criaturas, concretamente el hombre, y el mundo según el Corazón de Dios, al revés, es sostenido, dirigido y ordenado directamente por Dios a través de las criaturas. Lo que en el cambio de la frase se esconde no es un puro juego de palabras, sino en el mismo objeto una realidad muy diversa, porque el mundo formado por todo lo que San Pablo dice que ha de desaparecer es construido y ordenado por la voluntad de las criaturas en el uso del “poder”recibido de Dios, pero el mundo según el Corazón de Dios es construido y dirigido solamente en la VOLUNTAD DE DIOS. Por eso el mundo construido en la voluntad de las criaturas es fugaz y perecedero. El mundo, según el Corazón de Dios, es un mundo eterno. El proceso en que nos encontramos es más bien de manifestación del mundo querido por Dios. La realidad es la misma porque Dios es el que le ha llamado a cooperar al hombre a lo que él, quedándose en sí mismo, llama construcción, pero que, en los Designios de Dios no es más que una manifestación.

    Esta verdad tan elemental y sencilla no siempre es tenida en cuenta por el hombre. Y cuando los valores y las perspectivas han sido alterados, hasta la misma capacidad de comprensión de la existencia se desvanece. Esta se presenta como un absurdo.

 

La verdadera perspectiva y orden de valores nos la da el Evangelio, pero nosotros con nuestras cobardías y acomodamientos lo estamos también corrompiendo. Para justificación, cuando todavía no nos hemos atrevido a negarlo del todo, acudimos a teorías y explicaciones que lo desvirtuan.

    Saliendo al encuentro de estas orientaciones, UN MUNDO SEGUN EL CORAZON DE DIOS quiere recordarnos las estructuras del mundo querido por Dios en toda su pureza y con todas sus exigencias.

    Que hemos de cambiar nuestra mirada sobre la realidad, haciéndolapenetrar en profundidad a través de estas apariencias que para nosotros frecuentemente constituyen el sustituto de la realidad, y ¿qué duda cabe?

    ¿Y no será a esto a lo que nos está llamando la contestación total que ha invadido y está cuarteando el mundo en que vivimos? A esta luz ya no parecerá tan extraño el fenómeno y comenzaremos a comprender, finalmente, que el Evangelio hay que tomarlo en serio, como no se hacía en un cómodo “establishment” que nos permitía gozar sin inquietudes beatíficamente de este mundo. La finalidad del Evangelio no es tanto apuntalar y mantener en pie una sociedad que se desmorona o hacer mejor y más confortable al mundo cuanto hacernos conocer y darnos la posibilidad de vivir real y conscientemente en la VOLUNTAD DE DIOS, de acuerdo con nuestra vocación de hombres, llamados por Dios a cooperar en la OBRA de Dios.

    Es lo que forma el contenido de este libro. En él son puestas las bases y estructuras fundamentales de una contestación total al mundo desde el Evangelio. Muchas de las contestaciones ciegas que agitan al mundo de hoy podrían encontrar una respuesta a sus más profundas aspiraciones volviendo sus ojos al Evangelio. Predicar el Evangelio en todo su rigor y exigencias, como lo están pidiendo, quizás sin saberlo ni tener conciencia de ello, las multitudes contestatarias, sobre todo de jóvenes, es lo que pretende UN MUNDO SEGUN EL CORAZON DE DIOS.

Un Mundo según el Corazón de Dios

• La libertad del hombre

En este libro se plantean diferentes aspectos sobre la libertad del hombre y los obstáculos que existen para alcanzarla.

“¿Somos verdaderamente libres? ¿En qué sentido? Todo aquel que hace lo que quiere, ¿es verdaderamente libre? Hay que contestar que existe una falsa libertad, que encubre una esclavitud íntima; es el hombre voluntarioso que tiene poder y facultad para obrar a su capricho. Ese es un esclavo de sí mismo, esclavo del espíritu que le orienta a su egoísta. Pues el verdadero “yo” del alma tiende siempre a Dios solo, ya que fue creada a su “imagen y semejanza” y por lo mismo debe identificarse con El. Cualquier otra meta, fuera de esa unión con Dios, que el hombre se proponga alcanzar, se debe a un mal uso de la libertad, originando en él la esclavitud mencionada.” (Pag. 73)

• La libertad en el amor y la humildad

“En el amor humano no existe frecuentemente humildad; es un amor orgulloso que trata de imponer a la persona amada su modo de ver egoísta, con pretexto de que es la verdad. Es necesario olvidar nuestras experiencias ordinarias, para poder penetrar en aquella humildad tan inmensa del amor de Dios, que parece que el amor a fuerza de ser humilde ha desaparecido, pues las erguidas de sus criaturas no lo ven: ¿Por qué Dios permite esto o aquello? ¿Por qué nos manda tantos males? Y la conclusión que sacan es que Dios es el autor del mal. Ese es el lenguaje de unas criaturas, que se han levantado para enjuiciar a su Creador…

    ¿Por qué el amor de Dios es así? La respuesta no puede ser más que ésta: porque es el Amor. El amor es un salir en busca del ser amado, pero si éste tiene la libertad, el amor no tratará de invadirlo a la fuerza; el Amor es en su esencia humilde y respeta la libertad.

    He aquí por qué el amor perfecto no puede desprenderse ni un instante de la humildad… es una humildad segura del triunfo, de que el triunfo es del amor. El tiempo en que se elabora ese triunfo, va vestido mdel ropaje de la humildad; el tiempo es la humildad del amor; la eternidad es el esplendor del amor.” (Pags. 173-5)

Un Mundo según el Corazón de Dios

Un Mundo según el Corazón de Dios

Capítulo XII (EXTRACTO)

Cuando llegue la Consumación de los Tiempos.

El plan divino de la Redención

Si leemos atentamente a S. Pablo vemos que la final de los tiempos aparecerá “el hombre de iniquidad”, “el Inicuo”, «…a quien el Señor Jesús matará con el aliento de su boca, destruyéndole con la manifestación de su venida». ¿Quién es este “Inicuo” y este “Señor Jesús”? La rebelión del ángel caído fue debido a que quiso ser “como” Dios y deseó para sí la Creación destinada para el Dios humanado, el Unigénito, “Hijo de Dios”, hecho hombre y esto dependía, en la justicia perfectísima del Padre, primero de la libertad de los ángeles, Naturaleza Angélica, y después de la libertad del hombre. La aparición del “Inicuo” será la encarnación del demonio, la cual se realizará cuando una libertad humana le acepte plenamente. Esa aceptación se dará aceptando no propiamente la “persona” del demonio, porque éste jamás se descubre claramente; lo que aceptará esa criatura humana serán los atributos de éste: soberbia espiritual, orgullo desmedido, deseos de poder y gloria. En una palabra se inclinará al “poder” de Dios ambicionando ser “como” Él, haciendo lo mismo que hizo el ángel, contrario a lo que hizo Jesús, que orientándose al Amor se negó a sí mismo, poniendo las condiciones para que Dios, el Ser en el Unigénito, pudiese asumir en su cuerpo la Naturaleza Humana para manifestarse en ella y atraer a Sí la Creación entera. En Jesús, “el hombre” se hizo siervo y fue constituido por Dios Rey y Señor. Ese es el “Señor Jesús” que matará al impío con el aliento de su boca.¿Y qué es este “aliento” que saliendo de la boca del “Señor Jesús” matará al impío? No es otro que el Espíritu de Jesucristo Resucitado, el Espíritu Santo, quien pondrá término a la Creación introduciéndose en ella, pues para Él fue hecha, para Su manifestación. Como el Espíritu Santo es la culminación de la vida Trinitaria, así también lo será de la Creación.

¿Cuándo sucederá esto? Cuando una criatura humana acepte plenamente ese Espíritu de Jesús; esa criatura deberá “nacer de nuevo” de las “entrañas” de María: «…hágase en mí según tu palabra»; por su negación propia e identificación con la Voluntad Divina podrá ser instrumento dócil de María, quien realizará en ella y a través de ella el misterio anunciado y esperado por todas las generaciones, “misterio de Justicia” que dará lugar a la consumación de los tiempos:

«Apareció en el cielo una señal grande: una mujer envuelta en el sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre la cabeza una corona de  doce estrellas, y estando encinta, gritaba con los dolores de parto y las ansias de parir.

Apareció en el cielo otra señal, y vi un gran dragón de color de fuego, que tenía siete cabezas y diez cuernos, y sobre las cabezas siete coronas. Con su cola arrastró la tercera parte de los astros del cielo y los arrojó a la tierra.

Se paró el dragón delante de la mujer, que estaba a punto de parir, para tragarse a su hijo en cuanto le pariese. Parió un varón, que ha de apacentar a todas las naciones con vara de hierro, pero el Hijo fue arrebatado a Dios y a su trono.

La mujer huyó al desierto, en donde tenía un lugar preparado por Dios,para que allí la alimentasen durante mil doscientos sesenta días». (Págs. 18 a 21).

Si el fin de los tiempos tendrá comienzo por la libertad de aquellas criaturas que acepten totalmente el Espíritu del Bien y  espíritu del Mal respectivamente, al final, la “consumación de los tiempos”, también lo pondrá la libertad del último ser humano que consume su poder de elección eligiendo a Dios antes que la criatura. Cuando esto se haya realizado, el verdadero Mesías, manifestándose, “matará al impío con el aliento de su boca”. «Vi el cielo abierto, y he aquí un caballo blanco, y el que le montaba es llamado Fiel, Verídico, y con justicia juzga y hace la guerra… De su boca sale una espada aguda para herir con ella a las naciones, y Él las regirá con vara de hierro y Él pisa el lagar del vino del furor de la cólera de Dios Todopoderoso. Tiene sobre su manto y sobre su muslo escrito: Rey de reyes, Señor de señores» (Ap 19,11.15-16). Éste es el Rey, el Caudillo, el Príncipe anunciado, que asentará una paz eterna en la Justicia y en la Verdad. Éste es también Aquél «…a quien hará  aparecer a su tiempo el bienaventurado y solo Monarca –el Ser que “ES”–, Rey de reyes y Señor de señores, el único inmortal, que habita una luz inaccesible, a quien ningún hombre vio ni puede ver, al cual el honor y el imperio eterno. Amén» ( 1Tim 6,15).

El mundo eterno que Dios viene proyectando será, por fin, una realidad: «Vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían desaparecido; y el mar no existía ya.

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