Colección Conciencia y Vida

La mujer,
ayuda, tentación y complementaridad del hombre

 

Este libro abre un horizonte nuevo a la mujer en relación al hombre y al hombre en relación a la mujer. Un llamado muy particular a toda mujer que como “ayuda” y “complementariedad” del hombre, debe asumir la responsabilidad que le corresponde a su lado en esta hora definitiva y apremiante.

    Editado en español y en Inglés. Ediciones “Acción y Vida”, Caracas 1988, pp. 143, 14 x 10.5.

• Significado de la Portada

    CIELO, AGUA Y TIERRA

    Cielo: representa lo Divino

    Agua: representa lo masculino

    Tierra: representa lo femenino

    Como del agua y la tierra se forma el barro; del varón y la mujer está formado “el hombre”.

    “Formó Yahvé Dios al hombre del polvo de la tierra, y le inspiró en el rostro aliento de vida, y fue así el hombre ser animado”

Portada

• Extractos

Los escritos de LA ESCLAVA DEL SEÑOR contenidos en este libro abren un horizonte nuevo a la mujer en relación al hombre y al hombre en relación a la mujer y es un llamado muy particular a toda mujer que como “ayuda” y “complementaridad” del hombre, debe asumir la responsabilidad que le corresponde.

MUJER

¿Cuál es tu posición frente al hombre, cualquiera que éste sea: tu amigo, tu novio, tu esposo? ¿Eres “ayuda”, “tentación”, “complementariedad”? Todo depende de tu actitud interna, que se manifiesta en lo externo.

HOMBRE

¡No te dejes seducir tan fácilmente! Observa lo genuino, lo real de la mujer. No te dejes atraer simplemente por su apariencia, por lo sensual; busca en la mujer tu verdadera complementariedad, no solamente física sino también psíquica y espiritual. Aprecia su genuina feminidad, en la que encontrarás tu “ayuda” y “complementaridad”.

“Tanto el varón como la mujer han llegado al nivel de inconciencia más bajo, manifestándose esa inconciencia como una real esclavitud mutua, abusando y aprovechándose cada uno de la necesidad complementaria del otro: el varón usando su virilidad egoístamente, en un falso poder, para esclavizar a la mujer; y la mujer, usando su femineidad egoístamente, en una falsa debilidad, para esclavizar al varón. Como consecuencia el varón ha caído en el despotismo, el embrutecimiento y la animalidad en relación a la mujer; y la mujer, ha caído en la astucia, la frivolidad y la vanidad en relación al varón; ni la mujer ha reconocido los valores genuinos del varón, ni el varón ha reconocido los valores genuinos de la mujer, llegando a ignorar ambos sus verdaderos valores. Hoy se ha llegado a los extremos en estos aspectos, extremos que están dando resultados tanto negativos como positivos”. (Pág. 32)

“La función vital complementaria que cumple ese binomio varón mujer, masculino y femenino, para la subsistencia de la Naturaleza Humana en este estado físico del mundo fenoménico, es principalmente la procreación, ni el varón ni la mujer solos pueden tener descendencia a su imagen y semejanza. En lo físico: esa complementaridad se manifiesta en sus órganos reproductores y todas sus consecuencias. En lo psíquico: esa complementariedad se manifiesta entre la razón y la intuición; en el varón generalmente se desarrolla más el pensamiento, la razón y la reflexión; en la mujer generalmente se desarrolla más el sentido, el instinto y la intuición; y estas facultades se complementan en sus actividades.

Ni el varón ni la mujer se dan cuenta de la necesidad básica de esta complementaridad para el equilibrio de sus actividades, porque no son conscientes del desequilibrio en que viven, aunque padecen sus consecuencias, como no se daría cuenta un ser humano que nace con los brazos sin manos, o viceversa, de la falta que éste o ésta le hace, porque nunca los ha tenido. En lo espiritual: esa complementariedad se manifiesta en el varón en la voluntad, como determinación: ser; y en la mujer en la libertad, como elección: acción. Menos aún, en este sentido el varón y la mujer se dan cuenta de su necesidad espiritual complementaria y de las consecuencias que padecen por este desequilibrio espiritual que repercute en sus actividades tanto psíquicas como físicas. Pero, si meditamos profundamente sobre el comportamiento del varón y de la mujer individual y colectivamente, relacionándolo con los resultados de la Humanidad de todos los  tiempos, podremos comprender la causa de todo nuestro desequilibrio y los errores y consecuencias que padecemos. (Págs. 50-53)

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