Un llamado directo a la conciencia del hombre del presente para que asuma existencialmente, en el acontecer diario, su definitiva esencia.
Ediciones “Acción y Vida”, Caracas, 1987, pp. 141. 20.5 x 14.
MENSAJE A LOS HOMBRES DE LA “NUEVA TIERRA”
Por primera vez, en los casi quinientos años del continente americano aparece, en América, un mensaje a la par del budismo, del hinduismo, del judeo-cristianismo, del taoísmo, etc. Traigo a colación a este respecto el juicio crítico del teólogo franciscano, de la Provincia de Milán, Vittorino Joannes, al ser consultado éste por el Discretorio de Tierra Santa, para que diera su opinión sobre el libro recibido por Josefina: La “Nueva Tierra” del hombre nuevo. Expresa Vittorino Joannes: «Subrayo en modo del todo particular el sentido “ecuménico” de toda la obra; “ecuménico” no sólo porque hallo aquí muchos elementos preciosos para un encuentro teológico espiritual con tradiciones de las Iglesias Orientales y con la teología de la Reforma (pienso sobre todo en el sentido de la gracia y de la Iglesia), sino también porque en su visión de conjunto asume los valores y las intuiciones universales religiosas, desde las primeras experiencias filosófico-teológicas presocráticas hasta las de las grandes religiones cósmicas e históricas no cristianas».
Y es precisamente una mujer venezolana la que el Ser ha tomado como instrumento para dar su mensaje al hombre de hoy.
Uno de los aspectos sobresalientes del “Mensaje a los hombres de la Nueva Tierra” es ser realmente fieles a la enseñanza de Jesús, al Evangelio. En este sentido Josefina es un ejemplo vivo de fidelidad a la enseñanza del Nazareno, a la Buena Nueva. No en el sentido externo de repetir palabreramente su doctrina, sino en el firme propósito de hacer vida la prédica de la negación de sí mismo, negación de sí mismo que fue la constante presente en la vida de Jesús: “El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo”.
Sé que a los venezolanos nos cuesta mucho admitir que uno de nosotros efectivamente esté a la altura espiritual de los grandes maestros de la humanidad. Tampoco puedo esperar que nadie se convenza de que en Josefina vive el Mesías, porque lo que aquí digo. Sería preciso, para convencerse, que uno estuviera movido en lo más profundo de su ser por la necesidad inaplazable de descubrir la Verdad, a fin de tomar esa Verdad como base concreta de la existencia. Cuando en uno ha surgido el imperativo por desentrañar, sin reservas ni tapaderas, lo que es la Verdad, es cuando nos volvemos receptivos a tomar completamente en serio la enseñanza de los grandes maestros. Mientras no se haya dado en uno esa sed imperiosa por la Verdad, nos faltará la humildad requerida para recibir la auténtica enseñanza.
La importancia que hoy reviste para los cristianos el Mensaje, Josefina, y la colectividad, es que es un ejemplo auténtico de que sí es posible vivir de verdad el Evangelio. Esa importancia la vemos también en cuanto a que el “Mensaje a los hombres de la Nueva Tierra”, al ser un llamado que clama porque los cristianos vivan de verdad el Evangelio, es la salida para que el hombre actual pueda encontrarle pleno y total sen- tido a la existencia. Hoy día, no solmante las instituciones cristianas han falsificado y tergiversado la Verdad que han recibido a través de la Biblia, sino que todas las demás instituciones religiosas, en la actualidad, tampoco han sido fieles a las revelaciones recibidas en sus respectivos libros sagrados. En este respecto, el “Mensaje a los hombres de la Nueva Tierra” es el llamado a todos los hombres de buena voluntad, sin distinción de raza, religión , condición social, para que, a través de la negación propia, pueda el Dios Vivo tomar las riendas de sus vidas. (Del Capítulo “Sí es una iluminada, sí es el Mesías”)
Hoy estamos viviendo el final de los tiempos, por cuanto ya el ente humano agotó natural e históricamente las posibilidades de existencia en base a su mera condición de ente. Donde más se pone al descubierto este haber llegado al final de su recorrido es en la comprobación de que la Verdad no puede alcanzarse a través de ningún sistema filosófico, ni a través de ningún culto religioso. Sistema filosófico y culto religioso significaron el entrenamiento para que se comprobara que la identificación con lo humano, la orientación a la criatura, no es la real identidad del hombre. Es decir, vivenciar la limitación definitiva de los sistemas filosóficos ydel culto religioso abre las puertas para que el Ser pueda comunicarse nuevamente con la especie, pero a esta altura de los tiempos a fin de que el ente humano tome conciencia de su definitiva Esencia.
Es importante poner de relieve dos aspectos. Primero, este llamado que el Ser hace hoy a la humanidad, lo hace desde Venezuela, país del tercer mundo, y en el cual en el presente se recogen los vaticinios de que América representaba un Nuevo Mundo. Segundo, que este llamado toma a una mujer como intermediaria. Hasta el momento presente los Avatares y Enviados han sido varones. Hoy, que una mujer sea instrumento del Ser, a través del cual Este le habla a la especie, quiere decir el rescate e incorporación de lo femenino del hombre para la definitiva empresa de la entrada en la morada del Ser.
Lector, te invitamos a que te acerques a este libro desprovisto de todo prejuicio, de todo dogma, de todo condicionamiento. Acércate en actitud de entrega a lo Trascendente; toma como guía aquella palabra de Jesús: “Bienaventurados los de limpio corazón: porque ellos verán a Dios”.
El “Mensaje a los hombres de la Nueva Tierra” es el renacer de la auténtica filosofía y el renacer de la auténtica religiosidad.
La filosofía occidental tiene como partida de nacimiento la sentencia de Parménides de Elea, “del ente es ser”. Acá se nos habla de que el Ser es la verdadera esencia del ente; es decir, lo que caracteriza determinantemente a cualquier cosa, no es lo que ella es en sí misma, sino el hecho de que es, el Ser. Esto es válido para todo ente, no importa su condición ni consistencia. Esta preeminencia del Ser propuesta por Parménides de Elea fue sustituída por la preeminencia que la filosofía occidental, vale decir, que la cultura de Occidente, atribuyó al ente. Entonces, a partir de esta óptica desvirtuadora, lo que caracteriza al ente no sería ya el Ser, sino lo que el ente es en sí mismo. Esta suplantación del Ser por el ente se ve con nítida claridad en la definición aristotélica del ser humano: “el hombre es un animal racional”. Por consiguiente, lo que caracteriza esencialmente al hombre no es el Ser, sino aquello que lo distingue de los demás entes, y sobre todo de los demás animales, es decir, su diferencia específica, la razón.
En el “Mensaje a los hombres de la Nueva Tierra” se replantean de nuevo las cuestiones de la nada y el Ser, no al estilo de la tradición occidental, como vaguedades intelectuales; sino, más bien, como niveles de realidad de mayor trascendencia de lo que es el ente, considerado en sí mismo. Traemos a colación dos versos del poema sobre la nada que aparecen en La “Nueva Tierra”: “Para llegar al Ser hay que dar un salto en el vacío, ese vacío es la Nada”. Con esta afirmación se establece, en lo que concierne al ser del hombre, que para llegar a lo Absoluto hay que dar el salto más allá del ente, dar el “salto al vacío”.
Es un hecho notorio, la marcada influencia de la filosofía griega sobre el cristianismo institucionalizado. Las posibilidades esclarecedoras de la razón dejaron una huella tan poderosa en los padres de la iglesia, que los convirtió en teólogos, vale decir, en razonadores y hacedores de discursos sobre Dios. Todo esto con el lamentable olvido del Evangelio, de la Buena Nueva, de plegarse a la Voluntad del Padre (el Ser) en la vida de cada día, como lo hizo Jesús de Nazaret.
Otro aspecto de decisiva significación en el culto cristiano, como en todo culto, ha sido recurrir a los ritos y símbolos como medios realmente conducentes a la unión con Dios. Los símbolos y todo ritualismo como medios idóneos para la comunicación con lo Trascendente están a nivel del ente.
Aunque en el culto religioso operan actitudes no racionales, no obstante se quedan como instrumentalidad a nivel del ente (véase las respuestas de Josefina a las preguntas 13, 14, 15 y 42 formuladas por Celso Rivas Balboa en relación con el Dogma Cristiano, págs. 63, 64 y 74). Este hecho de creer que se ha encontrado una vía no racional, el símbolo religioso, pudo llevar al creyente al convencimiento de que efectivamente sí se daba la comunicación con Dios a través del ritual. Es solamente cuando se tiene la “experiencia” real de la nada que se desencubre que ni razón ni culto religioso son caminos hacia Dios, el Ser.
La posibilidad real de la identificación con el Ser a nivel colectivo indica, de manera contundente, que la especie está llegando al final de su evolución. Lo único que le queda al hombre como empresa colectiva realmente válida es tomar conciencia de la nada de su entidad a fin de darle paso a la preeminencia del Ser.
El “Mensaje a los hombres de la Nueva Tierra” es el llamado colectivo que el Ser hace al ente humano de hoy para que asuma plena y totalmente su destino de hombre. (De la Introducción)