Sal de Ella Pueblo mío

       (folleto)

    Por José Barriuso, o.f.m.

   

    La finalidad de este escrito es presentar los tres libros “Yo” en Cristo Resucitado, Peregrinación del Pueblo de Dios y Viviendo el Evangelio, como una intervención divina, como una exhortación a salir de nosotros mismos de la razón, para establecernos en la “intuición”, donde se manifiesta lo Divino.

 

TIPOGRAFIA HISPANO-ARABIGA del Arzobispado de Tánger, Madrid-Tánger 1970. Pp. 72, 14 x 20

Sal de Ella Pueblo mío

Hay que abandonar en campo de la razón

¿Es que salir del laberinto de contradicciones en que el hombre se encuentra necesitará de algún camino nuevo o sistema que venga a añadirse a los ya numerosos que le han sido propuestos en el orden de la razón?

Semejante intento no tendría otro significado que el de un nuevo gritar desde otro ángulo de la misma habitación. El problema de la humanidad no se resuelve con gritar tanto desde una cualquiera de las posiciones que se acalle a las otras, ni con imponer el respeto o el silenciopor la fuerza.Ciertamente,  tampoco proponiéndole caminos nuevos a la razón con nuevos sistemas, ni viniéndole en ayuda con el mantenimiento o apuntalamiento de los antiguos y tenidos por tradicionales. Al hombre hay que anunciarle con toda decisión y claridad que sus problemas no tienen solución si no es en el abandono del “campo de la razón” y camino del “poder”, en un paso al camino de la fe y del “amor”.

Diciendo: “Hay que abandonar la razón” hablamos de ella como de un campo, expresión que aparece frecuentemente repetida, pero lo que exac- tamente se quiere significar es que “Hay que superar la razón”. Pues la verdadera revelación no anula, no destruye, la razón; la eleva y le sirve de ancla. La revelación se dirige solamente a seres racionales y que de la razón hacen uso. ¡Estaríamos buenos si así no fuera! El hombre en su vida natural debe evolucionar hasta el punto más alto de su vida racional, es cuando llega a ser verdadero hombre y está apto para vivir puramente de la fe, sometiendo su razón a la suprema razón (Pág. 22).

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